PARTE III - EL RESIDENTE DE OBRA

PARTE III

EL RESIDENTE DE OBRA

El Residente de Obra es quien representa al propietario y, en su caso, al Director de la Obra cuando está ausente.

En la mayoría de los casos, el Residente de Obra es la persona que permanece en la obra para ayudar  resolver los problemas que surjan en las áreas técnicas, económicas y administrativas de la edificación.

El alcance y los limites de las atribuciones del Residente de Obra se establecen en su contrato de trabajo y pueden indicar entre otras cosas, que vigila y controla la ejecución de la obra, conoce los términos de los convenios con los contratistas y procura que no se aparten de ellos; es decir, cuida que se cumpla con las especificaciones, vigila que se construya con la calidad y apariencia necesaria, en los plazos y costos convenidos.

Asimismo está en la obra para anticipar y evitar problemas, para resolver los que se presentan y para rectificar o detener aquello que vaya mal.



CAPACIDAD DEL RESIDENTE

El Residente de Obra debe ser un profesional de la arquitectura o la ingeniería, como requisito mínimo.

Aunque la residencia puede ser uno de los primeros escalones profesionales, para una obra medianamente compleja es mejor que el Residente sea una persona experimentada, que haya practicado la construcción y estado en contacto con las peculiaridades de una construcción grande. De no ser así se encuentra en gran desventaja ante los contratistas, particularmente frente a los experimentados y mañosos.

Debe tener experiencia para reconocer las diversas calidades de obra, conocer y dominar las especificaciones, detectar y corregir los desvíos o fallas.

Como supervisor debe distinguir claramente lo importante de lo secundario, lo urgente de lo que puede esperar, así como diferenciar lo indispensable de lo conveniente.

Debe tener el juicio y autoridad suficiente para hacer cumplir el contrato con criterio, sin perder de vista la finalidad del mismo.

es importante que el Residente conozca con claridad los limites de sus atribuciones, para no traspasar las áreas de autoridad propia de los contratistas ni meterse en campos que no le corresponden.




RASGOS DE PERSONALIDAD

Tan importante como las calificaciones técnicas del Residente son sus calificaciones de personalidad y de relación con los demás. El Residente es quien esta en contacto constante con los contratistas y su personal, por lo que conviene que sea una persona cuya autoridad descanse más en su capacidad de motivar que en la de enfrentar o provocar conflictos entre los demás.

Su autoridad la debe ejercer con tacto, sin arbitrariedad alguna, siendo exigente, pero no extremo. Debe ponerse enérgico cuando el contratista desatienda las observaciones o cuando se aparte de lo convenido, y ser comprensivo con quien siempre cumple y alguna vez falla. Debe tener noción de cuándo poner un límite, cuándo ponerse estricto y cuando ser flexible.

Debe tener la sensibilidad suficiente para estimular al contratista que trabaja correctamente y orientarlo oportunamente, antes de que un posible error tenga consecuencias.

Es mejor que tenga un carácter que estimule la cooperación, que considere a los demás y que no sea un tirano que ejerza su autoridad con exceso o indebidamente. Un Residente debe ser capaz de cuidar su poder de decisión y ponderar las consecuencias de lo que decide.




El Residente está en la obra para velar por los intereses del propietario, haciéndolo con rectitud y ecuanimidad, sin atropellar los derechos de otros. Igualmente, su autoridad dentro de la obra debe ser imparcial, sin favoritismos.

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